Rembrandt y yo

Rembrandt

El otro día fuí a despedir a Ruti (por un par de días solamente!) al aeropuerto de Amsterdam y ví un decorado donde había una maniquí disfrazado de Rembrandt pintando en su atelier.
Sobre él, un cartel con letras enormes decía:

“¿Lo recordarán a Usted en 400 años?”

Eso me hizo recordar al genial Borges, que dijo (lo recuerdo desde la memoria, con sus imperfecciones, pero la idea está intacta)

“Homero no murió en el momento de su muerte. Homero morirá cuando muera la última persona que lo recuerda.”

Y también una página donde hacia el final dice

“Hechos que pueblan el espacio y que tocan a su fin cuando alguien se muere pueden maravillarnos, pero una cosa, o un número infinito de cosas, muere en cada agonía, salvo que exista una memoria del universo, como han conjeturado los teósofos.
En el tiempo hubo un día que apagó los últimos ojos que vieron a Cristo; la batalla de Junín y el amor de Helena murieron con la muerte de un hombre. ¿Qué morirá conmigo cuando yo muera, qué forma patética o deleznable perderá el mundo? ¿La voz de Macedonio Fernández, la imágen de un caballo colorado en el baldío de Serrano y de Charcas, una barra de azufre en el cajón de un escritorio de caoba?”


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