Busca Involuntaria

No te busqué, ni te volvería a buscar.
Estabas allí.
Debías estar.
Nunca fuiste mía.
Nunca lo serás.
Y sin embargo me perteneces,
como me pertenecen cada uno de mis recuerdos,
cada una de mis culpas,
cada uno de mis dolores,
cada uno de mis cada unos,
pesándome como cadenas
que me hacen caer y arrastrarme,
y enterrarme,
y mirar, bajo tierra, tu rostro,
día y noche,
noche y día,
noche a noche.
Tu rostro,
la noche,
cadenas,
tierra,
y yo, en el centro de todo,
sin entender nada,
sólo sintiendo el dolor de tu luz que me ciega,
de tu voz que me ensordece,
de tu mirada que me aniquila,
de tu presencia que me mata,
de tu ausencia,
bajo tierra,
encadenado.

22 de Mayo de 2000

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