Hermosa música

Escuché una música muy graciosa, hecha en sintetizadores imitando orquestas terríblemente sinfónicas en las que básicamente se usa mucho el sólo de violoncello en clave de do en cuarta a dos voces con violines que no pasan de la cuerda de sol.
Me reí mucho.
No encontré temas pero sí tonalidades (lo que es raro en el siglo XXI aparte de la música popular).
No pude reconocer ninguna forma, pero eso quizá sea bueno, porque de haberla reconocido hubiera sido un adefesio.
Encontré mucho modo menor interrumpido por percusiones extemporáneas sacadas de un ataque de histeria que se confunde con pasión.

Muy divertido (bueno, 10 segundos son suficientes. Luego es mucho más divertido ver Family Guy).


Monstruo

Este monstruo apareció en el muelle de mi casa.
A pesar del terror le pude sacar una foto.
Hablaba en arameo, seguramente cosas importantes sobre el futuro de la humanidad, el fin del mundo, la existencia (o no) de Dios y el nuevo iPhone.
Una lástima que yo no hable arameo.


Me hinchan las bolas (I)

Bátense palmas y entónanse cánticos dando la bienvenida a un nuevo ciclo (¡tan reclamado por la plebe!) de cosas que me hinchan las bolas.
En nuestra primera entrega

El políticamente correcto

Esta especie, que tanto abunda en sociedades “superadas” y post-freudianas como la argentina u holandesa, molesta con su presencia ubícuamente censora y represiva.
Toda vez que alguien comete la ingenuidad de contar un chiste de judíos, o llamar “negro” a un negro, esta persona pone la cara ilustrada a continuación

y acomete con lecciones de sabihonda moral.

Cuando uno dice “mucama” miran con reprobación y corrigen a “chica de la limpieza” o “empleada doméstica”.
Un negro debe ser llamado “persona de color” (aquí me pregunto: ¿Por qué “negro” es peyorativo y “blanco” no lo es? ¿Acaso el blanco no es un color también? ¿Por qué un negro es una “persona de color” y un blanco no lo es? ¿Es transparente?)
“Puto” (palabra que escandaliza más a los heterosexuales que a los homosexuales) debe ser reprimida.

Próximamente no podrá decirse “maestro” sino “persona que imparte enseñanza” ni “taxista”, que deberá ser reemplazado por “Marroquí que nos guía a nuestro destino” (aquí habría que agregar “en coche” porque de lo contrario podría ser malinterpretado por otra clase de gente).

El políticamente correcto está acechando constantemente en espera de la oportunidad de lanzar un panfleto político que no comprende muy bien y que está basado en una dudosa moral de una igualdad que no existe.

Somos distintos, por suerte, y ahí está lo bueno.

Los judíos tienen fama de avaros, los argentinos de ególatras y los gallegos de brutos. Seguramente habrá alemanes miserables, japoneses arrogantes y finlandeses idiotas, pero los chistes no tendrían tanta gracia.
Algo habrá de cierto, de todos modos.

A mí no me hinchen las bolas que ya soy grande y me hago cargo de lo que pienso y digo.
Y al que no le guste le recuerdo que la única puerta que está siempre abierta es la de salida (salvo para la austríaca de Amstetten).


Clarín y la cultura

El diario deportivo Clarín está organizando un concurso literario en el género cuentos.
Me causó bastante gracia leer las bases y condiciones, que incluyen el párrafo que pego abajo en relación a los premios.
¿Qué potencial escritor se sentirá tentado de mandar su obra a este concurso?
El jurado está formado por dos editores del diario, una ganadora de un concurso literario organizado por el mismo diario y dos catadores de vinos.

El autor de la obra elegida como ganadora, el segundo puesto y el tercero, recibirán como premio la publicación de su obra en la Revista Ñ y un viaje a Mendoza para dos personas que incluye únicamente hospedaje por tres noches en hotel Standard en habitación Standard y pasajes aéreos ida y vuelta a Buenos Aires -correrían por cuenta y orden del ganador los gastos incurridos para hacer efectivo el premio- para ser utilizado en temporada baja antes de abril del 2009 y una colección de vinos Misterio conformada por 6 botellas de 750ml. Así mismo se entregarán dos menciones al cuarto y quinto puesto, el premio que recibirán estas menciones será la publicación de su obra en www.revistaenie.com y una colección de vinos Misterio conformada por 6 botellas de 750ml conforme surge del contrato que deberán firmar oportunamente.

Gente de Clarín: ya que están patrocinando un concurso literario, les comento que el “Así mismo” de la segunda oración se escribe “Asimismo”.
Las bases y condiciones completas están a continuación, por si alguien quisiera leerlas.
Es curioso leer lo despiadados que pretenden ser. En el caso que algún cuento fuera bueno el diario tiene todos los derechos de por vida.
Todo eso arriesgando solamente un par de cajas de vino y una habitación standard en temporada baja.
Yo pregunto: ¿no les da un poquito de vergüenza?
¿Esos son los premios que da el diario de mayor tirada de la Argentina en un concurso literario?
Es claro que ese es el valor que le dan a la cultura. Eso se nota de sólo leer el diario.
Yo imagino que redactaron todo esto riéndose entre sí y haciendo bromas.
Seguro que alguno dijo “vas a ver la cantidad de boludos que entran…”

Continue reading


¿Qué es el éxito?

El Éxito es

* A los 3 años, no mearse.?
* A los 6 años, recordar lo que hiciste en el día.?
* A los 12 años, tener muchos amigos.?
* A los 18 años, tener licencia de conductor.?
* A los 20 años, tener relaciones sexuales.?
* A los 35 años, tener mucho dinero.?
* A los 50 años, tener muchísimo dinero.?
* A los 65 años, tener relaciones sexuales.?
* A los 70 años, tener licencia de conductor.?
* A los 75 años, tener muchos amigos.?
* A los 80 años, recordar lo que hiciste en el día.?
* A los 85 años, no mearse.

Lo encontré por ahí. Perdí el link.


Cuento de hadas

Hace unos días recibí por email de mi amigo el Gaucho, de Argentina, esto que me parece genial en su simpleza:

EL CUENTO DE HADAS MÁS BREVE Y HERMOSO DEL MUNDO

Había una vez un hermoso príncipe que le preguntó a la bella Princesa:
?- ¿Te querés casar conmigo? ?
 Y ella le respondió:?
 – ¡¡¡NO!!!
Y el príncipe vivió feliz por muchos, muchos años yendo a pescar, a cazar y a boludear todos los días con sus amigos y tomaba mucha cerveza, vino y champaña. Se ponía en pedo cuantas veces quería, jugaba al fútbol y comía caviar porque le alcanzaba la guita para eso y mucho más. Dejaba el saco tirado en la silla del comedor y tenia sexo con mujeres de la noche y vecinas y amigas. No podía ser cornudo, no tenía que competir con vecinos y amigos por el mejor auto, el mejor lugar de vacaciones, etc… ?Y se tiraba pedos a mansalva y meaba la tabla del baño con la puerta abierta, cagaba leyendo sin límite de tiempo y cantaba eructando y se recontra-rascaba bien los huevos, viendo fútbol hasta de Malasia todo el fin de semana… y NO LE ROMPÍAN LAS PELOTAS…

FIN


Otro sueño

En otro sueño, más tarde, o quizá el mismo, yo estaba sentado en una esquina, bajo el alero de una casa, en Rosario, esperando que saliera la gente de adentro.
Cantaban, era un coro, y curiosamente estaba cantando ahí mi hermano Fabián.Yo le decía a mi compañía de mesa, un par de chicas: “ahora lo van a conocer a mi hermano”.
Al fin salían, pero él no estaba.
Se iban todos, casi todas mujeres, muy rápidamente, sin reparar en nuestra presencia.
La directora me dijo “se quedaron más tiempo todos por esperarte y saludarte. ¿Por qué no entraste?”
Yo contesté que estaba ahí afuera esperándolas, y lamentaba no haberlas visto.
Cruzando la calle había una galería comercial abierta. Iba hacia ella y me alegraba de ver a casi todas las chicas mirando vidrieras. Me acercaba a saludarlas, sobre todo a las lindas. Todas me trataban con afecto, menos una más chica que iba detrás mío diciéndo “gordo, sos un gordo”.
Yo me preocupaba, pero otra chica me decía que no le hiciera caso, que no era cierto.
Me encontraba con un amigo o conocido, a quién le preguntaba “¿Cuándo volvemos a hacer un partidazo de ajedrez?” Él me respondía que el sábado siguiente podría organizarlo. Yo sabía que el sábado siguiente no estaría, pero le daba a entender que contara conmigo.
De repente yo seguía caminando y ví a mis viejos sentados a una mesa de cafe, al aire libre. Dije “ah, mis viejos están” y me acerqué a ellos.
De golpe estaba sentado en una fila de sillas, enfrentada a otra, sobre el césped. A mi izquierda quedaba una silla vacía. Había un bebé, de 1 o 2 años, y yo le explicaba lo que era un banco con palabras simples, pero con una explicación completa. Un señor mayor, de la fila de sillas de enfrente, empezó a mirarme con sospecha. Quizá sospechara que le estaba explicando algo muy difícil al bebé, pero creo que estaba en desacuerdo con mi opinión y explicación sobre lo que era un banco, así que atraje hacia mí al bebé y lo senté en la silla contigua, donde seguí explicándole todo en voz baja.
Más tarde, en otro lugar, me encontrá con el bebé y le dije que les repitiera a todos lo que era un banco. El bebé empezó con una explicación increíblemente más compleja que la que yo le había dado, y elaborada, usando un lenguaje técnico muy complicado. Yo no sabía de dónde había sacado esa explicación.


Un sueño

Soñé que estaba en la casa de Hogwood, que nos invitaba a comer. Lo habíamos pasado a saludar, pero se hizo la hora de la comida y no tuvo más remedio que invitarnos. En un momento se levanta a atender el teléfono, y se queda hablando mucho tiempo. Yo pensé que no era raro, porque le gustaba mucho hablar en general.
Nos quedamos con su esposa en la mesa, con quien se había casado por compromiso o comodidad, por no estar solo y por tener una asistente permamente. Ella, luego de un par de respuestas agudas mías, me consideraba un interlocutor inteligente y eso me agradaba.

Al fin volvía Hogwood, con un libro de autor inglés, quizá Graham Greene. Leía un párrafo, que al final decía algo como:

“Los que visitan a veces este país son los holandeses, que son muy deportistas pero sólo les interesa el futbol. No dejan de decir “Ik kon het niet helpen”.

Hogwood lo pronunciaba a la perfección.

A mí la frase de Greene me causaba muchísima gracia, y me enorgullecía de la manera que se enorgullece a quien le nombran la patria en otro país.

Me acercaba donde estaba Rut, y le pedía a Hogwood que por favor también se la leyera a ella.

Él, divertido, sacaba no ya un libro sino un block de notas en el que cada página tenía una cubierta de papel semitransparente para protegerlo. El párrafo en cuestión estaba lleno de tachaduras y correcciones. En el sueño me admiraba su perfeccionismo, sin darme cuenta que estaba corrigiendo la obra de otro.

Hogwood leía y Rut, todo el tiempo, intentaba cerrar una puerta que volvía a abrirse, sin ruido.
Rut no dejaba de hacer eso y yo me ponía muy nervioso por el desprecio y porque Hogwood empezaba a notar el desinterés. Leía y ella estaba dada vuelta cerrando una y otra vez las puertas.
Yo le hacía señas desesperadas con la cabeza, que ella parecía no entender, aunque quizá por su gesto de fastidio quizá entendiera y a propósito no hiciera caso.