Reencuentros

Después de dos semanas y media de estar de viaje (algunas fotos acá) vuelvo, abro esta página con la intención de darle una temporaria resucitación y me encuentro totalmente falto de inspiración.
Pucha, ¿han pasado ya esos tiempos en los que mi prosa brillante y fluída traslucía influencias de Baroja y Woody Allen?
¿Qué ha pasado con mi desopilante originalidad, siempre pronta a despertar emociones encontradas en el puñado de lectores regulares e incondicionales?
¿Es que mi genio se ha adormentado? Y si así fuere, ¿despertará? ¿cuándo? ¿y lo hará sin resaca?
Estas preguntas encontrarán quizá respuesta un día que espero cercano. Mientras tanto me pregunto ¿cómo carajo encontró este sitio Pablo Alcaraz?
Este viejo amigo dejó un comentario unos días atrás y me alegró el día.
Hicimos la escuela primaria y parte de la secundaria juntos.
Durante ese tiempo siempre lo consideré mi mejor amigo y no hubo por bastante tiempo sábado que no almorzáramos alternativamente en casa de uno u otro.
Bastante atorrante el tipo, siempre se las ingeniaba para ser buen alumno, por lo que pueden sospechar que era inteligente.
Hace años que no nos encontramos, es claro que dejé el país en 1995, pero igual no es excusa.
Siempre lo recuerdo, ya que tiendo a mirar hacia atrás con nostalgia y él está presente en muchas buenas memorias (ya sabrán algunos que soy el tipo melancólico que piensa con convicción que “todo tiempo pasado fue mejor”).
Hoy, que vuelvo lentamente a la contemplativa lluvia de mi amada Amsterdam luego de unos soleadísimos días en Francia, me pareció oportuno este cortísimo brindis por una parte del pasado con la que me reencontré sin querer.

Salud.

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